Hay múltiples y diversas maneras de definir el arte. A lo largo de la Historia, muchos autores se han preocupado por encontrar la definición más precisa. En cualquier caso, se trata de una manifestación específicamente humana que, con destreza y técnica, busca la belleza para deleitar a los sentidos, especialmente la vista y el oído. Tradicionalmente, las artes mayores eran seis: la pintura, la escultura, la arquitectura, la literatura, la música y la danza. Después se unieron la fotografía y el cine cuando fueron inventados. También se habla de artes menores como la cerámica, la orfebrería, la confección… Naturalmente, las obras artísticas no son iguales ni similares. Dependen de la época, del lugar, y, sobre todo, de la cultura en la que se lleven a cabo. Pero todas las artes, absolutamente todas, tienen una cosa en común: son inherentes a la especie humana y, por tanto, son universales. Se han creado y siguen creándose en cualquier lugar del mundo y en cualquier época desde el Paleolítico hasta nuestros días. No hay un arte propio de una cultura o un país, son modalidades de algunas de las artes conocidas.

Todo esto viene a cuento por la concepción de arte que tiene el toreo.

No niego que un torero puede tener habilidad, técnica y expresión estética con su cuerpo y con el capote pero eso pertenece a la DANZA, no es un arte independiente. El resto de las prácticas del torero en la corrida: las banderillas, el estoque… puede incluir habilidad y técnica pero le falta la esencia misma del arte: la belleza.

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No puede haber estética ni sublimación de lo específicamente humano en el daño intencionado a un ser vivo ni en la sangre derramada ni, más que nada, en la muerte.

Y cuando hablo de muerte no sólo me refiero a la del toro. El toreo es una lucha que lleva asegurada el sacrificio del toro e implícito el riesgo a morir del torero. Este hecho sería inconcebible en ninguna otra actividad humana que no sea la guerra, el más nefasto y ruin acontecimiento de la sociedad humana. No estoy comparando una corrida con una guerra, sería demasiado desproporcionado, lo que estoy diciendo es que no hay otra actividad humana legal, moral y aceptada que conlleve la aceptación de la posibilidad de muerte de la persona que la lleve a cabo.

 

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